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martes, 25 de junio de 2013

2527 (cuento)


Aquellos libros de estante empolvado no decían nada. destape cada hoja desde el índice y no lo hallé. No existía ningún registro de este número, pero por qué, si estoy seguro que es un numero importante. 

Al cabo de dos días de recurrir a libros escondidos entre estantes empolvados en el almacén privado de la biblioteca en la que trabajo, me dejo desfallecer un momento para pensar. Es imposible que tal número no existiría en registros, que su significado sea menos que inexistente para las demás personas. Al menos que sea el que se esta perdiendo en ideas, tantos años estudiando para-psicología e intentando adaptarme a la sociedad habrían calado en mi consciencia. Pero, las sensaciones existen y están ahí. Qué relevancia puede tener un número en mi vida, me pregunté crítico como mi espíritu lo exigía. Y no había respuesta. Pero bueno, quitando la numerología, muchos números tienen impacto en el mundo. El 7 por ejemplo, son 7 los colores del arco iris, 7 los días de la semana, al séptimo día el Dios Judeo-Cristiano descansó, los 7 estadios del cielo Musulmán, 7 sacramentos católicos, 7 los velos de la danza árabe y hasta los gatos tienen 7 vidas. Tantos otros números importantes como el 3 (orden), 108 (budista), 8 (infinito), 5 (del pentagrama) y tantos otros. Por qué este seria diferente, si significa tanto para mí.

Con la pregunta en mi cabeza, regresé a casa en transporte público. A veces el aire contaminado de la respiración de muchos enerva las energías y te dispersa de cualquier deber urgente. Esta vez, no fue la excepción. Miraba fijo a la señora regordeta mal sentada en el asiento rojo y me preguntaba cómo hacia para comer papas tan finas con esos dedos regordetes. Cuánto tiempo debería haber comido ese tipo de comida para tener tal maestría que no dejara caer una miga a sus prominentes pechos ni rompiera con los dedos las papas al sacarlas de la bolsa. Quizás ella era así desde su nacimiento o al menos potencialmente proclive a dicha situación - desvié la mirada para apaciguar mis ánimos pero no dejaba de ser grosero la manera escandalosa con la que hacia crujir la bolsa al meter la mano, inevitablemente grasosa y lamida. Eran dos de las peores cosas que vi, una tercera era la forma de centrarse y me obligó a ordenar desde lo más asqueroso hasta lo que solo me podía hacer vomitar. Felizmente de las 3 luces del semáforo la verde se disponía para permitir a mis ojos distraerse. Por lo menos ya estaba en la cuadra 9 y 3 bloques más adelante podía bajar.  

Al fin en tierra, me dije al pisar con el pie derecho, por indicación del amable trabajador de transporte público. El aire limpio de toces y respiraciones que parecían estertores me devolvió a la realidad de mi problema, el número 2527. Casi extrañé a la gorda. De repente mi pecho se lleno de angustia y mi garganta de alguna fuerza. No era exactamente por la gorda; Ya no quería pensar más, así comencé a contar mis pasos: 108, exactos para pasar aquellas 3 cuadras pequeñas hasta mi casa. Al abrir la puerta con 3 vueltas de llave se dejó crujir y de dentro exhaló el más puro de los aires hogareños: olor a aire guardado. Mi cuerpo anda solo hasta el dormitorio, donde la luz ilumina las secuelas de un pasado borrado. Un cuarto casi vacío, donde alguna vez hubo tanta vida ahora solo existen sombras empolvadas. Dejé mi morral en la mesita de 5 patas, que alguna vez me pareció  buena idea comprar, y me tiré sobre la cama. Al tercer rebote de mi cuerpo caí en trance. El número me embargaba de ideas. Caí dormido.

Aún recuerdo algunas cosas de mi sueño: cabellos negros y largos, unos labios particulares y el color blanco. Créanme cuando les digo que es todo lo que recuerdo, pues he intentado recordarlo de muchas formas. Debía recordarlo, porque desperté con la sensación de que sabia la respuesta a mi interrogante. 

No habían pasado ni una hora, parecían solo 5 minutos. Salté y con tres rebotes (como era de esperarse) me incorporé. En ese momento me exigí la remembranza, que como ya les dije nunca encontré. Debía tomar agua, 3 copas si quería levantarme temprano y mantener mi salud. El agua es vida. Ah! la vida. En ese preciso segundo me pregunté en qué momento había aparecido esta inquietud punzante por el número. Tal vez siempre lo busqué, tal vez sea mi marca sagrada, el número de mi vida, quizás soy el 2527 de algo o sea alguien que yo conozca. Al pensar esas palabras, como un golpe seco llega un pensamiento, manos, ojos cerrados, calles brillantes. Me siente un poco aturdido. Qué fue eso. No lo sé, pero no lo podía dejar pasar. Corrí hasta mi propia biblioteca; alguna cosa debía de haber. 3 índices leídos a golpe de ojo por minuto, créanme que acabé con 108 de los 1110 (contabilizados) del estante. Comprendí que el secreto no estaba en los libros. Mi fe en ellos y mis esperanzas de tantos años se perdieron en 36 minutos. De pie, me recosté en el estante más cercano, pero no se me ocurría nada. recogí mi pie para acomodar la posición y un sonido hueco llega hasta mí. Bajo los libros, en la última decoración del librero, había un cajón. El cajón que me obligue a olvidar tanto tiempo. Con temblor lo abrí, los recuerdos fueron apareciendo dentro de mi cabeza como si alguien los hubiera movido y ahora los regresaba a su posición. Me sumergí en lo que allí había. De repente mi piel se escarapeló, una etiqueta que decía "SARAIVA" al inicio apareció. Leí más abajo.

25 - 2a7m
O viagem, bandido

En ese momento lo entendí. Rebusqué entre las cosas y encontré el mapa que buscaba. Ahora entendía la respuesta a esa sensación, al vacío que sentía y a la desazón de su vida. Debía ir a por ella. Por la respuesta. Puse en claro mi cabeza. Italia, Italia, Italia. La sonrisa había vuelto. Ahora estoy rumbo a Europa a buscar aquello que dejé atrás y debo decir también que me prometí nunca más olvidar...

Feliz mais um mes
Juan de Cora

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